Resulta que en Rumanía hay un zapatero de 55 años, llamado Grigori Lup, que debido a que nadie respetaba la distancia social, tuvo la idea de crear zapatos que ayudarán a que esto sucediera.
Y aunque todo empezó con una broma ya tiene pedidos procedentes de su mismo país, además de Inglaterra y Canadá.
Si te preguntas cómo funcionan
Los zapatos son de un número normal en la parte posterior en la que debe de meter el pie el cliente. Lo diferente viene cuando terminan los dedos, donde empieza una punta rellena de un material ligero, como la suela, que equivaldría a un número 75 de pie.
Lo mejor
Si dos personas que llevaran mis zapatos se pusieran una enfrente de otra habría una separación entre ellas de cerca de un metro y medio.
Fuente: Infobae
