En medio de los crecientes niveles de violencia que han sacudido a Culiacán, la doctora Ana Lucía González Cota, residente de medicina en la Universidad Autónoma de Sinaloa, advierte sobre una crisis menos visible pero igual de alarmante: la salud mental de los ciudadanos.
“Estamos convirtiendo esta situación en un estilo de vida, casi obligadamente”, señala González.
Los efectos colaterales del crimen organizado, los toques de queda no oficiales y el cierre de negocios, han detonado un aumento significativo en trastornos como la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático.
González asegura que el impacto no se limita a quienes han sido víctimas directas de violencia. Incluso quienes sólo han presenciado el deterioro social —como la pérdida de empleo, el miedo a salir o la exposición constante a noticias violentas— están sufriendo las consecuencias.
“Las personas empiezan a vivir con miedo colectivo, evitan salir, y esto afecta gravemente su estabilidad emocional”, explica.
Según la doctora González, desde septiembre del año pasado se ha notado un repunte en los casos atendidos por condiciones psiquiátricas en el Hospital General de Culiacán. Muchas personas que ya estaban en tratamiento han tenido recaídas, y algunas no pueden continuar con sus medicamentos por dificultades económicas derivadas de la crisis.
Frente a esto, la doctora enfatiza la importancia de identificar señales de alerta: “Sentirse triste la mayor parte del tiempo, abandonar actividades, o tener pensamientos catastróficos son motivos suficientes para buscar ayuda”. También invita a la población a practicar hábitos saludables y rechazar el estigma en torno a la salud mental.
“Hay que entender que no siempre es cuestión de ‘echarle ganas’. Hay desequilibrios químicos reales, y pedir ayuda no es debilidad”, sostiene.
Finalmente, González hace un llamado a no confundir adaptación con normalización.
“Aceptar que vivimos en una ciudad violenta no significa justificarlo ni integrarlo a nuestra cultura. No podemos permitir que las nuevas generaciones crezcan viendo esto como algo cotidiano”, concluye.

