Guasave, Sin.- Han pasado más de 20 años, pero Yaneth todavía guarda fotografías de Cecilia, una pequeña de apenas cuatro años a quien conoció durante su primera etapa como maestra en la sierra de Sinaloa.
La niña tenía severos problemas de visión y, aunque en aquel momento nadie sabía exactamente qué ocurría, Yaneth sospechó que algo no estaba bien. Decidió hablar con su madre hasta convencerla de llevarla a Guasave para realizarle estudios médicos.
El diagnóstico terminó rompiéndole el corazón: Cecilia padecía una enfermedad degenerativa y, con el tiempo, perdería completamente la vista.
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Yaneth recuerda que lloró al enterarse. Dice que sentía impotencia por no poder hacer más, pero quiso regalarle un recuerdo antes de que la oscuridad llegara para siempre.
Le pidió a su padre que la ayudara a llevar a Cecilia al mar para que pudiera conocer la playa antes de quedarse ciega.
“Me animé yo, me la traje, la revisaron. Desafortunadamente, lo problema de ella era, no recuerdo la enfermedad, pero era algo degenerativo, iba a quedar ciega. O sea, estoy hablándole hace que 24 años de eso. Nomás, que fue el primer año que inicié yo ahí. Me la traje.
No, hombre, me pegó horrible en una llorada. Mi papá me apoyaba, me llevó. Nunca cuando había conocido el mar, la llevamos al mar, o sea, a veces me pongo a ver algunos de fotos, digo, dónde estará la niña”.
¿Qué forja el carácter de un maestro?
Aquella historia terminó marcando para siempre su manera de entender la docencia.
Una maestra que inició “contra corriente”
Hoy Yaneth es directora de un jardín de niños en Guasave, pero llegar hasta ahí no fue sencillo.
Aunque desde joven descubrió que le apasionaba enseñar, parte de su propia familia no estaba de acuerdo con que estudiara para maestra. Fue su padre quien decidió apoyarla para ingresar a la Escuela Normal de Sinaloa.
Mientras cursaba la preparatoria impartía clases de catecismo en la iglesia de su comunidad y fue ahí donde confirmó que quería dedicar su vida a trabajar con niños.
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La sierra le cambió la vida
Su primera plaza fue en Llano Grande, una comunidad serrana de Sinaloa de Leyva a la que llegaban después de varias horas de camino por terracería.
Ahí encontró una realidad completamente distinta a la que imaginaba.
La escuela no tenía baños y muchos niños acudían con zapatos rotos o incluso descalzos. Cuando logró gestionar la construcción del primer sanitario, varios alumnos ni siquiera sabían cómo utilizarlo, por lo que también tuvo que enseñarles hábitos básicos.
Conmovida por las carencias, buscó apoyo con Olivia, una empresaria guasavense propietaria de una zapatería, quien donó pares de zapatos para más de 30 menores de aquella comunidad.
Pero más allá de las clases, Yaneth entendió que muchas veces los maestros también terminan siendo gestores, consejeros, cuidadores y hasta familia para sus alumnos.
El lado humano de la educación
Antes incluso de iniciar su carrera profesional, Yaneth ya había vivido experiencias que le enseñaron el valor humano de la educación.
Cuando estudiaba en Culiacán junto a otras compañeras, fue desalojada del lugar donde rentaban. En plena madrugada, uno de sus maestros y su esposa acudieron para ayudarlas a sacar sus pertenencias y ponerlas a salvo.
Ese gesto, asegura, le enseñó que un maestro puede cambiar vidas incluso fuera del salón de clases.
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¿Por qué decidió convertirse en directora?
Con el paso de los años y después de convertirse en madre de gemelas, comprendió aún más la importancia de que los niños estudien en espacios seguros y dignos.
Fue durante la pandemia de 2020 cuando llegó al jardín de niños Benito Juárez, en Guasave, institución que encontró deteriorada y prácticamente sin identidad.
Desde entonces comenzó a gestionar rehabilitación de salones, aulas, bardas, limpieza y cámaras de seguridad, convencida de que un entorno digno también influye en el aprendizaje de los niños.
Después de 25 años de servicio, Yaneth asegura que sigue despertando cada mañana con amor por su profesión, porque entiende que detrás de cada alumno hay una familia depositando en ella lo más valioso que tiene: sus hijos.





