Mazatlán, Sinaloa. – Durante la Jornada de Paz realizada este viernes 19 de junio en el Polideportivo de Villa Unión, en la zona rural de Mazatlán, Sinaloa, un niño de apenas cinco años llamado Ángel se convirtió en uno de los protagonistas inesperados del evento al mostrar su emoción por convivir con elementos de las Fuerzas Armadas, portar parte de su equipamiento y expresar su deseo de convertirse algún día en soldado.
Acompañado de su madre, Yolanda Lerma, el pequeño recorrió las áreas instaladas por autoridades federales, estatales y municipales, donde tuvo la oportunidad de acercarse a militares y marinos que participaron en las actividades de proximidad social, compartiendo su emoción a Los Noticieristas.
-. ¿Te gustaría ser soldado algún día?, le preguntamos.
-. Sí, respondió con una sonrisa mientras portaba parte del equipo táctico que le prestaron los elementos.

¿Qué fue lo que emocionó a los asistentes?
Su entusiasmo genuino por los soldados y marinos, así como el respeto y admiración que muestra hacia quienes sirven en las Fuerzas Armadas.
Su madre relató que desde muy pequeño siente fascinación por los uniformes y los vehículos oficiales.
Siempre que los ve pasar les dice adiós. Nosotros le enseñamos a decirles que Dios los bendiga y los cuide, comentó Yolanda Lerma.
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¿Cómo reaccionaron los militares ante el gesto del menor?
La emoción fue mutua. Reconocieron que el cariño de los niños es una de las mayores satisfacciones de su trabajo.
Es muy emocionante cuando los niños te saludan en la calle o te gritan adiós. Nos recuerda nuestra infancia y nos motiva mucho, expresó uno de los elementos presentes.

¿Por qué este encuentro se volvió especial?
Más allá de las actividades institucionales, la escena reflejó uno de los objetivos de las Jornadas de Paz: el acercar a las autoridades con la ciudadanía y fortalecer la confianza desde edades tempranas.
Para muchos asistentes, la imagen de Ángel saludando a soldados y marinos representó un mensaje de esperanza en una región donde la construcción de paz busca abrir espacios para que las nuevas generaciones crezcan con valores, respeto y sentido de comunidad.
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Mientras se despedía de los uniformados, el pequeño siguió observando con admiración cada detalle del equipo militar.
Para él fue una experiencia inolvidable; para los elementos, un recordatorio de que detrás de cada uniforme también hay inspiración, vocación y servicio.





